jueves, 16 de mayo de 2019

El arte de ser maestro


“Maestro es aquel que te brinda todas las oportunidades para descubrir tu verdadero mundo y te orienta hacia tu destino con absoluta libertad" 
Fernando Lizcano


El título de Maestro no debe dársele a cualquiera, este solo está ligado a quien en pleno ejercicio de la docencia inspira libertades, evoca sentimientos en sus aprendices y motiva a la realización de virtudes que conlleven al éxito personal. La realidad de un maestro parte de la verdad absoluta y no relativa en pleno discernimiento del término en latín “vocare” que significa llamado a un fin o destino de vida, es lo que también conocemos como vocación.

La voluntad de ser maestro reside en el profundo deseo de servir a otros en el hecho trascendental de cambiar vidas, forjar destinos, en el desarrollo pleno de la personalidad y en la medida de lo posible acrecentar el aliento a la realización de grandes proyectos. El maestro en el fin de perseguir sus sueños, acompaña los de aquellos a quienes inspira con palabras y hechos. Insistentemente recurre a la fuerza del intelecto para orientar los procesos de adquisición de nuevos aprendizajes y persiste en la idea de ser soldado en las más grandes batallas del ser.

El maestro taladra la esencia mismas de las ideas, construye realidades y es digno arquitecto de la creación de las más sublimes pero importantes empresas del pensamiento, su propósito de vida no es otro que el de hacerse servidor de vidas en la ausencia de positivas realidades para cambiar lo que haya de ser cambiado, para que florezca el bien común sobre el individualismo social. Primará en su de ser, el amplio espectro de la conciencia para determinar las posibilidades que convendría al resurgir de la innovación en el crecimiento humano.

¿Qué espera un maestro en su acontecer social? La respuesta no es más cercana a la realidad de la vida en sí, pretende que sus ideales intelectuales residan en la existencia de otros para ser guía de forma no presencial en el transcurso de la historia, no ambiciona riquezas más que aquellas que le permitan vivir alejado de la mezquindad de un sistema social, aspira a ser el ejemplo de generaciones en la más sutil de las formas; mentoría. Determina su existencia a la gratificación de sonrisas y en las plenas virtudes de quienes ha inspirado.

Ser maestro entonces es determinar con las proyecciones del tiempo la máxima absoluta que provee felicidad a los estudiantes y a sus familias, es querer ser un orientador en la vida de otros, convertirse en el sacerdote en coherencia del sigilo de confesión de lo que ha visto y escuchado para comprender realidades en el abismo mismo de la imaginación y, actuar así de forma incidental en los problemas de otros, olvidando en ocasiones los propios, ha de ser un padre en la medida que el amor y la admiración de sus aprendices requieren de afectos y la rigurosidad del apoyo o del llamado de atención que forme y no deseche actuaciones propias del ser en crecimiento y aprendizaje.



¡Feliz día del maestro!

Jesús R. Cupare G.

lunes, 22 de abril de 2019

A propósito de la resurrección y el día del idioma.


A propósito de la resurrección y el día del idioma. 
Reflexión sin absorción. 

¡Cristo ha resucitado; verdaderamente ha resucitado! Este es el grito que exclaman los creyentes en estos momento de tiempo pascual, con él se expresa una intención de fe, una convicción de vida y la atenuación de la esperanza en el recorrido de la existencia humana. 

El asunto de la resurrección que se hace evidente en la vida de un ser mortal yace en la esperanza; problema fundamental en la tesis de Camus; la humanidad padece una enfermedad y esta es la esperanza misma; el hombre se ha acostumbrado a esperarlo todo, pareciera se reside en la voluntad de otros y no en la propia. Aún así, la resurrección debería notarse en el plano de la vida misma como un cambio, un resarcir de elementos más tangibles en la recuperación de un sistema de creencias y vivencias, claro, sin obviar el papel fundamental que juega la evolución como tal. 

Ahora, si han de resucitar cosas ¿por qué omitir aquello que en el idioma parece muerto? la pregunta misma genera suspiros dubitativos, ya hoy en día ver interrogantes con un solo signo (final) pareciera no solo normal sino cómodo, lo mismo ocurre con las exclamaciones, omitiendo en este sentido la naturaleza en el origen de una lengua del romance vulgar, que advierte al lector la intención propia de la entonación que debe inscribirse en la oralidad.

También es preocupante el uso y abuso en las construcciones verbales tanto como las adverbiales, la intención comunicativa se ve comprometida asesinando el correcto uso del español, sentencia que ocurre cotidianamente con la acentuación, ya el hábito de colocar tildes está muriendo lentamente, dejando a la imaginación el entendimiento propio de los vocablos en ejecución del sistema lingüístico.

Es momento de resucitar la usanza de una correcta escritura y lectura en el idioma, evitar que las ruinas del tiempo sepulten entre escombros de olvido lo que hace especial a la lengua española; ser un Cristo de esta práctica merece el reconocimiento de generaciones y el mérito al estar en disponibilidad de radicales cambios.

¡Hasta la próxima!