A propósito de la resurrección y el día del idioma.
Reflexión sin absorción.
¡Cristo ha resucitado; verdaderamente ha resucitado! Este es el grito que exclaman los creyentes en estos momento de tiempo pascual, con él se expresa una intención de fe, una convicción de vida y la atenuación de la esperanza en el recorrido de la existencia humana.
El asunto de la resurrección que se hace evidente en la vida de un ser mortal yace en la esperanza; problema fundamental en la tesis de Camus; la humanidad padece una enfermedad y esta es la esperanza misma; el hombre se ha acostumbrado a esperarlo todo, pareciera se reside en la voluntad de otros y no en la propia. Aún así, la resurrección debería notarse en el plano de la vida misma como un cambio, un resarcir de elementos más tangibles en la recuperación de un sistema de creencias y vivencias, claro, sin obviar el papel fundamental que juega la evolución como tal.
Ahora, si han de resucitar cosas ¿por qué omitir aquello que en el idioma parece muerto? la pregunta misma genera suspiros dubitativos, ya hoy en día ver interrogantes con un solo signo (final) pareciera no solo normal sino cómodo, lo mismo ocurre con las exclamaciones, omitiendo en este sentido la naturaleza en el origen de una lengua del romance vulgar, que advierte al lector la intención propia de la entonación que debe inscribirse en la oralidad.
También es preocupante el uso y abuso en las construcciones verbales tanto como las adverbiales, la intención comunicativa se ve comprometida asesinando el correcto uso del español, sentencia que ocurre cotidianamente con la acentuación, ya el hábito de colocar tildes está muriendo lentamente, dejando a la imaginación el entendimiento propio de los vocablos en ejecución del sistema lingüístico.
Es momento de resucitar la usanza de una correcta escritura y lectura en el idioma, evitar que las ruinas del tiempo sepulten entre escombros de olvido lo que hace especial a la lengua española; ser un Cristo de esta práctica merece el reconocimiento de generaciones y el mérito al estar en disponibilidad de radicales cambios.
¡Hasta la próxima!