sábado, 9 de mayo de 2020

Historias de cuarentena

Hoy ha sido un viernes común y corriente dentro de cuarentena, me he despertado a las 6:23am, después de que el reloj despertador ha sonado por segunda vez, he aseado mi cara y mi boca, preparado la cafetera mientras tomo mi acostumbrada ducha, me desvisto y me riego el cuerpo con agua tibia mientras estoy luchando con el jabón para evitar su caída, suena un “tin”, reconozco el sonido, se trata indiscutiblemente de un mensaje de whatsapp, continúo con la faena y pienso en leer el mensaje una vez haya salido de la ducha, esté vestido y con mi café al frente calentando mis labios en la fría mañana.

Y, así fue, sentado en mi viejo pero cómodo sofá al que se le alcanza a ver una cortadura en su solapa superior; producto del desgaste del tiempo, decido entonces ver aquel mensaje que reposaba en la cubierta de mi teléfono celular, curiosamente veía el número y era desconocido para mi hasta tanto hacía lectura del mismo, el texto decía: “buen día prof. espero se encuentre muy bien dentro de las medidas de sanidad que hemos dispuesto para su trabajo pedagógico. Me incomoda escribirle por este medio para hacerle ver una falta, la misma ha llegado a mis oídos y ha repercutido en preocupación” 
¡Ohh, cháspistas! pensé en medio del estupor al leer aquel mensaje, de quíen podría tratarse, así que respondí con la interrogante formal del caso: ¿Quién eres? Aunada aquella otra interrogante que perturbaba mi conciencia:  ¿De qué me está hablando? 

En el siguiente mensaje que recibo de mi misterioso interlocutor, procedo a leer:
“Disculpe prof. le escribe Mauricio Escalante, el supervisor de distrito escolar. He escuchado que usted se dedica en sus ratos de ocio a jugar en una App llamada Parchis Star y que se le ha visto muy molesto y en uso de lenguaje ofensivo e inapropiado” Me sorprendí, leía que me escribía un superior y recordé los improperios que había dicho dos noches atrás a quien en varias ocasiones dentro de un partido de Parchis Star no me dejó introducir mi última ficha a la meta ganadora. Resultó ser aquel perverso individuo, un exalumno del colegio, quien casi no logra graduarse por no aprobar las revisiones en su proyecto final de investigación, que yo sugería como su tutor.

Obviamente le respondí al supervisor confesandole que tal vez había dicho una que otra palabra inapropiada pero que en ningún caso eso afectaba mi labor pedagógica. Esperaba que esto pasará con una disculpa y contrito propósito de no volver a pecar. Sorpresa la mía, me esperaba un citatorio con el consejo disciplinario en pocos días.

¡Hasta acá llega mi historia! ¿Qué pasará conmigo frente al consejo disciplinario? Aún no lo se, se trata de vivir otro día común y corriente de cuarentena.

(Historia con hechos y personajes ficticios) 


Autoría: Jesús Ramón Cupare Gutiérrez.

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